El cine ha contado la historia de Robin Hood durante casi un siglo, pero casi siempre desde el mismo lugar: el del héroe invencible. Ahora, A24 parece haber encontrado una perspectiva mucho más interesante. ¿Y si la mejor historia del personaje no fuera la de sus hazañas, sino la de sus últimos días?
Esa es la idea que parece definir La muerte de Robin Hood, la nueva película protagonizada por Hugh Jackman y dirigida por Michael Sarnoski (Pig, Un lugar en silencio: Día Uno). Ya no se trata de volver a contar el camino de aquel arquero que robaba a los ricos para ayudar a los pobres, sino de mirar hacia el final de su vida para explorar las consecuencias de todo aquello que lo convirtió en una leyenda.
¿De qué va La muerte de Robin Hood?

Ambientada en el siglo XIII, la historia sigue a Robin Hood, un legendario forajido que, ya envejecido y atormentado por el peso de su pasado, resulta gravemente herido en una batalla. Mientras se recupera bajo el cuidado de la Hermana Brígida, una religiosa que le brinda una compasión inesperada, el hombre detrás del mito se verá obligado a enfrentarse a sus decisiones, cuestionar el legado que dejó y descubrir si todavía existe la posibilidad de encontrar redención.
El Robin Hood de Hugh Jackman es una historia sobre culpa y redención
Durante años, el personaje ha sido retratado como un símbolo de justicia. Desde las versiones más clásicas hasta las adaptaciones más recientes de gran presupuesto, Robin Hood suele aparecer como un líder enérgico y carismático, hábil con el arco y dispuesto a enfrentarse a cualquier enemigo. La muerte de Robin Hood parece hacer exactamente lo contrario.

Aquí tenemos a Hugh Jackman interpretando a un hombre envejecido, marcado por su pasado y obligado a enfrentarse a las consecuencias de todo lo que hizo para convertirse en una leyenda.
Quienes conocen el trabajo de Michael Sarnoski saben que suele tener una fascinación por personajes rotos que enfrentan pérdidas profundas. Por eso, no resulta extraño que ahora quiera explorar el lado más vulnerable de Robin Hood. Lejos de la imagen romántica popularizada por el cine, el director apuesta por una visión mucho más cruda de una época donde sobrevivir implicaba tomar decisiones moralmente ambiguas.

Sin sostenerse de grandes discursos heroicos, La muerte de Robin Hood apuesta por un universo mucho más austero y realista. El diseño de producción, el vestuario y la fotografía transmiten una sensación de desgaste constante, como si el paso del tiempo fuera un personaje más dentro de la historia.
Con el sello de A24, la sensibilidad narrativa de Michael Sarnoski y un Hugh Jackman que promete uno de los papeles más introspectivos de su carrera reciente, la película tiene el potencial de ser uno de los grandes éxitos del año.
