Volver al origen de Rocky (1976), podía parecer una apuesta demasiado conocida, después de todo, todos sabemos quién es Sylvester Stallone y cómo terminó convirtiéndose en una de las figuras más reconocibles de Hollywood. Pero Yo soy Rocky encontró una forma distinta de acercarse a esa historia: contar qué ocurrió antes de que Rocky Balboa se convirtiera en leyenda.
La película dirigida por Peter Farrelly llegó al Festival Internacional de Cine de Toronto con esta historia detrás de cámaras y, tras su presentación, comenzó a llamar la atención de la crítica internacional. Aunque las reseñas no coinciden en todos sus aspectos, sí existe un nombre que aparece constantemente entre los comentarios más favorables: Anthony Ippolito, quien sa vida a un joven Sylvester Stallone.

Interpretar a Stallone no era precisamente una tarea sencilla. Ippolito tenía que recuperar su particular voz, gestos y presencia sin convertir al personaje en una simple imitación. Al mismo tiempo, debía mostrar al actor que en ese entonces era prácticamente un desconocido intentando abrirse camino en Hollywood y que estaba a punto de jugarse todo por una película que nadie sabía si llegaría a convertirse en el fenómeno que conocemos hoy.
Después de su paso por Toronto, Yo soy Rocky parece haber encontrado precisamente ahí uno de sus mayores aciertos: tomar una historia cuyo desenlace conocemos perfectamente y conseguir que todavía queramos descubrir cómo llegó hasta él.
Anthony Ippolito, la gran revelación de Yo Soy Rocky

Según las primeras reseñas de quienes ya pudieron ver la cinta en el Festival de Cine de Toronto, es una apuesta que funciona. Variety destacó la manera en que Ippolito consigue capturar al joven Stallone, mientras que The Hollywood Reporter lo señala como el elemento que mantiene cohesionada la película. The Guardian, por su parte, habló de una interpretación central especialmente poderosa.
Y esto es algo importante de recordar, pues si Ippolito hubiera caído en una imitación demasiado evidente, la historia podría haberse convertido fácilmente en una colección de referencias para fans de Rocky y eso muy probablemente no habría jugado tanto a su favor. En cambio, las primeras críticas encuentran en su interpretación algo más interesante: la posibilidad de ver al hombre antes de convertirse en mito.
La película también parece beneficiarse de la historia que cuenta: la de Stallone escribiendo Rocky, intentando conseguir que el proyecto llegara a la pantalla y negándose a renunciar al papel principal tiene, por sí sola, todos los ingredientes de una película de superación.
Una película sin mayores riesgos

Aunque la respuesta general ha sido positiva, varios medios coinciden en que Yo soy Rocky no pretende reinventar el cine biográfico ni desmontar la fórmula del clásico underdog.
Algunas reseñas consideran que el guion resulta demasiado convencional y sentimental, mientras que otras señalan que la película se queda en la superficie de ciertos aspectos de la vida de Stallone que podrían haber dado lugar a algo más complejo.
El recibimiento positivo en general es bastante esperanzador para quienes están a la espera de su estreno. Después de todo, contar la historia del nacimiento de Rocky implica enfrentarse a una película que ya forma parte del imaginario popular. Yo soy Rocky no puede competir con la nostalgia, sino saber usarla para enganchar tanto a los fans como a quienes sólo tienen una idea superficial del fenómeno.
Por ahora, parece que el director prefiere jugar sobre seguro. La película busca entretener, emocionar y recuperar ese espíritu de “inténtalo aunque todo esté en tu contra” que hizo tan especial a la cinta original. Yo soy Rocky llegará a los cines el 19 de noviembre, de la mano de Diamond Films.
