Casi 30 años después de su estreno, Hechizo de amor está a punto de volver a nuestras vidas con una segunda película, y eso dice mucho de lo especial que terminó siendo la historia de las hermanas Sally y Gillian Owens. En 1998, la película protagonizada por Sandra Bullock y Nicole Kidman no fue precisamente un éxito de taquilla, pero con el paso de los años encontró algo mucho más difícil de conseguir: ser parte de una tradición de temporada.
Hoy, cuando llega el otoño, es prácticamente imposible hablar de películas de brujas, casas acogedoras y noches de margaritas sin que alguien mencione Hechizo de amor. Su mezcla de romance, magia, humor y, sobre todo, una relación entre hermanas que se siente genuina convirtió a la película en un clásico de culto que sigue encontrando nuevos fans.
Una historia de brujas donde la verdadera magia es la familia

Sally y Gillian crecieron sabiendo que ser una Owens tenía un precio. Durante generaciones, una maldición ha condenado a cualquier hombre que se enamore de una Owens a morir trágicamente. Sus excéntricas tías, Franny (Stockard Channing) y Jet (Dianne Wiest), las criaron entre conocimientos mágicos, pero las hermanas terminaron reaccionando de maneras muy diferentes a ese legado.
Sally creció rechazando la magia, anhelando tener una vida normal. Gillian, en cambio, decidió vivirla intensamente, hasta que una relación con el peligroso Jimmy Angelov termina poniendo a ambas en una situación límite.
Lo interesante es que, aunque la película tiene todos los elementos de una historia sobrenatural, la magia nunca termina siendo lo más importante.

Lo que realmente sostiene Hechizo de Amor es la relación entre Sally y Gillian. Son distintas, se equivocan, se pelean y toman decisiones bastante cuestionables, pero existe la certeza de que siempre estarán la una para la otra.
¿Por qué Hechizo de amor sigue siendo tan querida?
Ver Hechizo de amor siempre se siente tan bien por ser un mundo en que podríamos vivir tranquilamente. La casa victoriana, la cocina llena de plantas, las velas, el jardín, los vestidos noventeros y esa atmósfera entre acogedora y misteriosa crearon una estética que hoy encaja perfectamente con tendencias como cottagecore y witchcore.

Y luego está la famosa escena de las “midnight margaritas”, que resume bastante bien el espíritu de la película: mujeres reunidas en una cocina, cantando, bailando, bebiendo margaritas y disfrutando de estar juntas. Es absurda, divertida y extrañamente reconfortante.
Pero independientemente de la estética sigue funcionando porque habla de sororidad, miedo, pérdida y la posibilidad de recuperar el control sobre nuestra propia vida sin dejar de ser una película entretenida.
Y si después de volver a ver Hechizo de Amor quieres seguir las reglas de las Owens, ya sabes por dónde empezar: arrojar la sal sobre el hombro izquierdo, tener romero junto a la puerta, plantar lavanda para la buena suerte y, por supuesto, enamorarte siempre que puedas.
