¿Quién dijo que los fans no pueden cambiar el destino de una película? Coyote vs. Acme es probablemente una de las mejores pruebas de que nunca hay que subestimar a un público que realmente quiere ver una historia. Warner Bros. el estudio históricamente ligado a los Looney Tunes desde el nacimiento de la franquicia hace más de 95 años, había decidido dejarla atrás, pero los fans no estuvieron dispuestos a aceptar ese final. Y quizá lo más curioso es que, después de todo lo que ocurrió, la película terminó siendo mucho más que una comedia de los Looney Tunes: se convirtió en una historia de resistencia artística que parece escrita por el mismísimo Coyote.
Porque sí,Coyote vs. Acme es uno de esos casos en los que la realidad supera a la ficción. Warner Bros. invirtió alrededor de 70 millones de dólares en producirla y, cuando ya estaba terminada, decidió no estrenarla, ahorrándose 30 millones de dólares en impuestos. El proyecto quedó archivado durante años pero sus protagonistas, creadores, animadores, actores de voz y, especialmente, los fans no se quedaron callados e iniciaron una campaña para rescatarla.

Finalmente, tras negociaciones que parecían eternas, Ketchup Entertainment adquirió los derechos de distribución y Coyote vs. Acme consiguió algo que durante mucho tiempo parecía imposible: una oportunidad en el cine.
El Coyote finalmente puso en jaque Acme
Durante más de 70 años, Wile E. Coyote ha sido presentado como el eterno perdedor. Lo hemos visto caer por barrancos, ser aplastado por rocas, explotar, incendiarse y sufrir las consecuencias de cada nuevo invento de Acme que prometía ayudarlo a atrapar al Correcaminos. Nos reímos porque ese era el chiste, pero Coyote vs. Acme hace algo que parece tan simple se convierta en un completo cambio de perspectiva al cuestionar qué pasaría si el Coyote dejara de aceptar que todo era culpa suya.
Aquí, después de otro de sus desastrosos intentos, comienza a sospechar que quizá los productos de Acme no son simplemente una mala compra sino que quizá están diseñados para fallar.

Es entonces cuando se alía con Kevin Avery (Will Forte), un abogado inseguro y algo flojo que se dedica a representar caricaturas y que termina aceptando ayudarlo en su demanda contra la gigantesca corporación. Del otro lado está Buddy Crane (John Cena), el implacable abogado de Acme, dispuesto a defender los intereses de la empresa a cualquier precio.
La premisa es absurda en el mejor sentido posible, ya que debajo de toda esa slap comedy que ofrece, hay una historia sorprendentemente humana. Porque el Coyote no quiere solamente dinero. Quiere que alguien reconozca que todo lo que ha vivido durante décadas no fue simplemente una sucesión de fracasos. Y ahí es donde la película toca fibras sensibles.

El resultado es una película que puede hacer reír a los niños con una persecución completamente desquiciada y, unos minutos después, provocar en un adulto ese pequeño momento de “espera… esto en realidad está bastante triste”.
La ironía de Coyote vs. Acme: una película contra la lógica corporativa
Resulta difícil ignorar la ironía detrás de la trama. Una película sobre un personaje que descubre que una gran corporación se ha beneficiado de sus fracasos estuvo a punto de correr una suerte muy parecida en la vida real: ser considerada algo que simplemente era mejor archivar bajo la idea de que “a nadie le interesaría”, que estrenarla.
Wile E. Coyote tenía razón. Durante décadas lo vimos como el responsable de sus propios fracasos, pero esta película cambia por completo esa perspectiva. Lo que parecía una simple broma sobre un personaje al que todo le sale mal se convierte en una reflexión sobre lo que ocurre cuando una empresa termina poniendo sus números por encima de las personas y de las historias que hay detrás.

Porque eso fue, en cierta forma, lo que ocurrió con la propia película. Detrás de Coyote vs. Acme había guionistas, directores, animadores, actores, diseñadores y cientos de personas que dedicaron años de trabajo a construir una historia que, lejos de llegar al público y ser reconocida, terminó en la sombra por las ambiciones financieras de otros.
Y aquí es donde el público demuestra tener más poder del que muchos imaginan. La campaña para salvar Coyote vs. Acme no solo consiguió que una película archivada encontrara distribuidor; también demostró que los fans pueden convertirse en una verdadera fuerza de presión para la industria. La indignación en redes y el movimiento #SaveCoyoteVsAcme dejaron claro que el público no está dispuesto a quedarse de brazos cruzados cuando se trata de historias que quiere ver.
Hay una hermosa justicia poética en ver las salas de cine llenas para aplaudir una película que fue sentenciada al archivo. Este caso no es solo una victoria para los fans; es una declaración de dignidad para la clase creativa de Hollywood.
