Cuando Pixar anunció Toy Story 5, la reacción de muchos fans fue inmediata: ¿de verdad era necesaria otra película? Después de todo, la trilogía original había alcanzado un estatus casi intocable y la cuarta entrega dividió opiniones al separar los caminos de Woody y Buzz. Para una parte del público, la historia ya había llegado a su fin. Por eso, la expectativa alrededor de esta nueva aventura estaba acompañada por una dosis considerable de escepticismo.
La buena noticia es que Toy Story 5 no intenta competir con las películas que la convirtieron en un fenómeno cultural. Tampoco busca repetir fórmulas ni vivir exclusivamente de la nostalgia. En lugar de eso, encuentra una pregunta sorprendentemente relevante para nuestros tiempos: ¿qué ocurre con los juguetes cuando el principal competidor ya no es otro juguete, sino una pantalla?
Y esa simple idea termina convirtiéndose en uno de los planteamientos más inteligentes que la franquicia ha explorado en años.
Toy Story 5 enfrenta a Woody y Buzz contra el desafío más actual de la crianza

La historia nos devuelve al cuarto de Bonnie, quien ahora tiene ocho años y atraviesa una etapa distinta de su crecimiento. Como muchos niños de su generación, gran parte de su atención está puesta en la tecnología y en Lilypad, una moderna tableta interactiva con forma de rana que rápidamente se convierte en el centro de su mundo.
A primera vista, podría parecer que Pixar intenta construir un discurso en contra de las pantallas. Sin embargo, la película es mucho más inteligente que eso.
Lilypad no es una villana tradicional. No es cruel, manipuladora ni busca hacer daño. Más bien funciona como una representación de una realidad que los padres enfrentan todos los días con la crianza de sus hijos: el desafío de equilibrar la tecnología con el juego creativo y la imaginación.
La cinta entiende que el problema no son los dispositivos en sí mismos, sino la manera en que pueden desplazar otras experiencias fundamentales para el desarrollo emocional y social de los niños. Esa mirada evita que la historia caiga en el sermón y permite que el conflicto se sienta genuino, actual y cercano.
Por supuesto, también hay espacio para la diversión y la aventura. El regreso de Woody como juguete nómada junto a Bo Peep está bien integrado a la historia y respeta las decisiones tomadas en la película anterior. Mientras tanto, Buzz Lightyear protagoniza algunas de las secuencias más divertidas gracias a un dilema personal y a la aparición de un enorme escuadrón de Buzzes que aporta humor, acción y algunos de los momentos más entretenidos de toda la cinta.
Jessie se convierte en el verdadero corazón emocional de la película

Aunque Woody y Buzz siguen siendo fundamentales para la historia, la gran sorpresa de Toy Story 5 es Jessie.
Por primera vez, Jessie se convierte en el corazón de la historia (aunque ya ella nos había dado uno de los momentos más tristes de la saga con la secuencia de ‘Cuando alguien me amaba’) y confirma algo que muchos fans llevaban años pensando: siempre tuvo el potencial para protagonizar su propia aventura.
La película profundiza en las heridas que dejó su abandono original y la lleva a confrontar recuerdos que han definido gran parte de su identidad. Lo interesante es que la historia no se limita a explotar la nostalgia del personaje, sino que utiliza ese pasado para recordarnos que cómo las heridas pueden transformarse con el tiempo.
Su arco narrativo es, sin duda, el más maduro y emotivo de toda la película. Y es precisamente ahí donde Toy Story 5 encuentra una gran oportunidad.
¿Vale la pena?

Si bien esta entrega no alcanza las alturas emocionales de Toy Story 3 ni busca reinventar por completo la franquicia, sí consigue justificar su existencia. Más que intentar convencer a quienes crecimos con Woody y Buzz de que aún quedan historias por contar, la película parece asumir una misión distinta: acompañar a una nueva generación de niños mientras crece, del mismo modo en que la saga acompañó a la nuestra durante décadas.
Quizá por eso esta quinta entrega funciona mejor de lo que muchos imaginaban. Toy Story 5 demuestra que todavía existen nuevas formas de hablar sobre la imaginación, la amistad y el difícil proceso de crecer en un mundo cada vez más absorto.
