Hay secretos que sería mejor dejar enterrados, pero en Verity el problema es que nadie sabe si lo que está a punto de salir a la luz es una confesión, una mentira o una historia diseñada para destruirlo todo. Con Anne Hathaway y Dakota Johnson al frente, este thriller psicológico convierte una casa familiar aparentemente perfecta en un laberinto de sospechas donde cada nueva revelación altera los hechos. Y lo más inquietante es que, cuanto más creemos entender lo que sucede, menos sabemos en quién confiar.
La historia sigue a Lowen Ashleigh (Dakota Johnson), una escritora que atraviesa un momento complicado en su carrera y recibe una oportunidad que podría cambiar su situación: convertirse en la escritora fantasma encargada de terminar la exitosa saga de Verity Crawford (Anne Hathaway). El problema es que Verity no puede hacerlo por sí misma. Después de sufrir un terrible accidente automovilístico, permanece inmóvil y aparentemente incapaz de comunicarse.
Para sumergirse de lleno en su mundo y avanzar el trabajo, Lowen llega a la enorme y sombría casa de los Crawford, donde también viven Jeremy (Josh Hartnett), esposo de Verity y su hijo. Pronto lo que debía ser una visita profesional comienza a tomar otro rumbo cuando Lowen encuentra un manuscrito que Verity había mantenido oculto.
Verity: un thriller donde nada es lo que parece

El manuscrito no es simplemente material para conocer mejor a la famosa autora. Es una autobiografía en la que Verity narra aspectos profundamente perturbadores de su vida familiar y de la relación con sus hijos. Lowen comienza a leerlo a escondidas y, conforme avanza por sus páginas, resulta cada vez más difícil separar lo que parece una confesión de lo que podría ser una ficción.
La película juega precisamente con esa incertidumbre. En lugar de buscar dar respuestas rápidas, va soltando información para que construyamos nuestra propia teoría y, cuando empezamos a sentirnos seguros de lo que creemos, introduce algo que vuelve a ponerla en duda.
Además, la historia se mueve constantemente entre el presente de Lowen y el pasado que descubre a través del manuscrito, una estructura que funciona especialmente bien para que ambas líneas narrativas se vayan contaminando entre sí. Lo que leemos cambia la manera en que observamos a los personajes en el presente y, al mismo tiempo, lo que ocurre en la casa hace que empecemos a cuestionar lo que acabamos de leer.
Anne Hathaway y Dakota Johnson sostienen el juego del engaño

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Dakota Johnson como Lowen nos atrapa en una situación en la que ya no resulta tan sencillo distinguir entre curiosidad, atracción y peligro. La actriz consigue que los cambios de tono y de rumbo no conviertan al personaje en una víctima pasiva. A medida que Lowen descubre información cada vez más perturbadora, también comienza a cuestionarse sus propias decisiones y aquello que está dispuesta a hacer para descubrir la verdad.
Pero Anne Hathaway tiene probablemente uno de los elementos más llamativos de la película. Verity pasa buena parte de la historia en una situación que, en teoría, debería convertirla en el personaje más vulnerable de la casa. Sin embargo, Hathaway consigue que incluso cuando permanece en silencio exista una sensación incómoda y hasta escalofriante alrededor de ella.
Esa ambigüedad es fundamental porque la película necesita que nos hagamos exactamente la misma pregunta que Lowen: ¿estamos frente a una mujer indefensa o hay algo que no estamos viendo?

Josh Hartnett por su parte, interpreta a un hombre marcado por las tragedias que ha vivido su familia y que rápidamente se convierte en una figura importante para Lowen. Pero, en una historia como esta, incluso la persona que parece más fácil de comprender termina generando dudas.
¿Vale la pena ver Verity?
Por supuesto. Y es que, incluso sin haber leído el libro de Colleen Hoover, la adaptación no pierde detalle, llevándonos de la mano en el suspenso. Hay momentos en los que quizá puedas anticipar hacia dónde va, pero incluso entonces la película encuentra la manera de introducir una nueva duda. Y cuando finalmente parece que todo comienza a encajar, queda una última pregunta flotando en el aire: ¿qué versión de esta historia estamos dispuestos a creer?
Más allá de los giros inesperados o los jumpscares (porque los tiene), ese es el elemento que hace que Verity resulte entretenida. Terminando de verla sentirás una necesidad inherente de seguir discutiendo la historia, en busca de respuestas.
