¿Qué pasaría si una sociedad entera tuviera prohibido tener intimidad durante casi todo el año y solo pudiera hacerlo durante 12 horas? Esa es la disparatada idea que Will Gluck utiliza como punto de partida para Solo por una noche, una comedia romántica protagonizada por Monica Barbaro y Callum Turner que lleva el romance a un terreno bastante más extraño de lo habitual.
La película imagina una versión alternativa de Estados Unidos en la que las relaciones sexuales prematrimoniales están prohibidas durante 364 días. Una vez al año, durante una noche específica, las restricciones desaparecen y las personas tienen libertad para hacer lo que quieran hasta que llegue la mañana.
El resultado es una ciudad completamente fuera de control, con parejas no casadas, desconocidos y solteros recorriendo Nueva York, intentando aprovechar esas horas antes de que las reglas vuelvan a entrar en vigor. Pero en medio de toda esa urgencia, Solo por una noche encuentra una situación bastante más interesante: ¿qué pasa cuando dos personas prefieren conocerse antes que simplemente dejarse llevar por la situación?

Monica Barbaro y Callum Turner, unos protagonistas fuera de lo común en esta idea distópica
Ahí es donde entran Allie y Owen, interpretados por Monica Barbaro y Callum Turner. Él está dudando de la relación con su novia y llega a esa noche con pocas ganas de participar en el frenesí que lo rodea. Ella, una aspirante a cantante que trabaja escribiendo jingles, tampoco está demasiado interesada en convertir las 12 horas en una carrera para encontrar pareja.
Lo curioso es que, mientras toda la ciudad parece obsesionada con aprovechar el tiempo, ellos están buscando conexión y en esa búsqueda terminan envueltos en situaciones caóticas que los lleva a unir fuerzas.

Ese contraste es probablemente uno de los elementos más atractivos de la película. Y es que lejos de convertirse en una comedia llena de chistes sexuales descontrolados, decide poner el foco en algo mucho más sencillo: la intimidad que aparece cuando dos personas realmente conectan.
Barbaro y Turner consiguen darle naturalidad a una situación que en cualquier comedia romántica tradicional es normal pero en esta es absurda. Hay química, pero también una vulnerabilidad que evita que la relación se sienta como un romance forzado.
Will Gluck, responsable de Easy A, Friends with Benefits y Anyone But You, conoce bien la fórmula de la comedia romántica pero aquí lleva a sus protagonistas a un escenario completamente distinto, utilizando el reloj como el gran obstáculo para el amor. Y es que, mientras menos tiempo queda, más difícil parece que puedan descubrir qué quieren realmente.
La película también juega con una ironía bastante divertida. En un mundo donde la intimidad está regulada por el gobierno y el sexo se convierte en el gran acontecimiento de la noche, lo verdaderamente rebelde termina siendo querer conocer a alguien.

Eso sí, el gran punto de división está en que el director no aprovechó mejor la idea de una verdadera distopía. Solo por una noche plantea una sociedad en la que el gobierno controla algo tan personal como la intimidad, algo que podría dar pie a una crítica mucho más dura sobre la libertad y la autonomía. Sin embargo, la película prefiere usar ese escenario como parte de una comedia romántica ligera y, además, reduce bastante el contenido sexual que uno esperaría por la premisa.
Y ahí aparece una de las mayores contradicciones de la película: aunque su mundo gira alrededor del control del sexo, la historia termina hablando mucho más de conexión emocional que de deseo, algo a lo que, en teoría, nadie está limitado.
Al final, pese a todas las discusiones que pueda generar su premisa, Solo por una noche sigue siendo lo que promete: una comedia romántica entretenida, ligera y con suficiente encanto para hacer suspirar a los románticos empedernidos. Porque sí, también están esas escenas clásicas en las que todo parece salir mal, el tiempo se acaba y la pareja está a punto de perderse para que luego, de alguna manera, todo termine bien.
