Internet lleva años obsesionado con los Backrooms: ese interminable laberinto de oficinas vacías, luces fluorescentes y pasillos amarillos donde la realidad parece ser inconsistente. Ahora, esa pesadilla finalmente llegó al cine de la mano de A24 y Imagem Films México, y el resultado es muchísimo más extraño, incómodo y confuso de lo que muchos esperábamos.
Lo que comenzó como una imagen viral publicada en 4chan en 2019 terminó convirtiéndose en uno de los fenómenos de horror más inquietantes de internet gracias a Kane Parsons. La idea era tan absurda como perturbadora: si la realidad tuviera “errores”, podrías accidentalmente atravesar una pared y terminar atrapado dentro de un espacio infinito del que parece imposible escapar.
A partir de ahí nacieron teorías, videos, videojuegos, niveles, criaturas y toda una obsesión colectiva por los llamados “espacios liminales”, lugares cotidianos completamente vacíos que generan una sensación rarísima de nostalgia, ansiedad y desconexión.
¿De qué trata Backrooms?

La película sigue a Clark (Chiwetel Ejiofor), un arquitecto frustrado y vendedor de muebles cuya vida parece completamente estancada. Todo cambia cuando accidentalmente atraviesa una pared en el sótano de su tienda y termina en una dimensión formada por habitaciones vacías, pasillos interminables y estructuras que parecen desafiar toda lógica.
Cuando desaparece, su terapeuta Mary Kline (Renate Reinsve) decide entrar para intentar rescatarlo. Pero pronto ambos descubren que los Backrooms no funcionan como un lugar físico normal, pues el espacio parece deformarse constantemente mientras se alimenta de traumas, recuerdos y emociones reprimidas.
La actuación de Ejiofor, ganador del Premio BAFTA al Mejor Actor por 12 Years a Slave, transmite perfectamente el desgaste emocional de un hombre que se está derrumbando, incluso antes de entrar al laberinto. Hay frustración, vacío y desesperación. Mientras tanto, Reinsve, considerada actualmente una de las estrellas internacionales más talentosas y cotizadas del cine de autor, aporta mucha sensibilidad y humanidad, sin dejar de lado la tensión del trasfondo del personaje.
Ante esto, la confusión es inevitable y eso es justamente la clave de por qué la película está dividiendo tanto al público.
El verdadero terror no son los monstruos, es el vacío y la incertidumbre

A diferencia del terror comercial más tradicional, Backrooms no busca dar respuestas fáciles ni sustos constantes. Lo que busca es generar una sensación de incomodidad permanente. No sabes por qué, pero la sientes desde el primer hasta el último minuto.
La fotografía y el diseño sonoro son sin duda lo más impresionante de toda la película. Hay un zumbido constante proveniente de las luces fluorescentes, silencios prolongados y encuadres que hacen que como espectador te sientas atrapado dentro del laberinto.
Y aunque la película de pronto parece tener problemas claros de ritmo y narrativa (especialmente en su tramo final, donde todo se siente apresurado y demasiado abstracto) resulta difícil negar que hay algo muy interesante en su propuesta.

¿Vale la pena ver Backrooms?
En el fondo, Backrooms no habla realmente de monstruos ni nada endemoniado. Habla de aislamiento, trauma, ansiedad y esa sensación moderna de sentirnos atrapados en esos vacíos emocionales propios de los que no podemos salir.
En definitiva no es una película para todos. Pero justamente el hecho de que una creepypasta nacida en internet haya evolucionado hasta convertirse en una experiencia cinematográfica tan experimental ya dice muchísimo sobre hacia dónde podría dirigirse el horror moderno.
