El diablo viste a la moda 2

‘The Devil Wears Prada 2’: la secuela que nadie pidió pero que vale la pena (aunque no para todos)

Han pasado casi dos décadas desde que The Devil Wears Prada definió una era no solo en la moda, sino en la forma en que entendemos el poder, la ambición y los sacrificios detrás del éxito. Por eso, The Devil Wears Prada 2 no podía sostenerse solo en la nostalgia: tenía que evolucionar, incomodar y decir algo nuevo. Por esto, la pregunta de si lo logra es inevitable.

Porque esta secuela juega un juego arriesgado: busca emocionar, actualizar su discurso y rendir homenaje al mismo tiempo. A ratos lo consigue con inteligencia; en otros, tropieza intentando replicar la magia del pasado.

El regreso de Miranda Priestly en un mundo que ya no es el mismo

Meryl Streep en El diablo viste a la moda 2 20th Century Studios
La secuela muestra a Miranda Priestly enfrentando la pérdida de poder en una industria dominada por influencers y plataformas digitales /Captura de pantalla vía Tráiler 20th Century Studios

La premisa es clara desde el inicio: el mundo cambió (y drásticamente). Pasaron veinte años y las revistas ya no dictan tendencias como antes, la publicidad se desplomó y ahora todo gira en torno al algoritmo, los clics y la inmediatez. En ese escenario, Miranda Priestly (Meryl Streep) ya no es la figura todopoderosa que conocimos y ahí empieza lo que para muchos es un problema o un tema de evolución del personaje.

La película acierta cuando pone el foco en esa crisis. Vemos a Miranda moderar su comportamiento ante las nuevas reglas (y las quejas de Recursos Humanos), enfrentarse a juntas, métricas y presupuestos; un terreno en el que antes simplemente no se involucraba. Es una versión más expuesta, obligada a adaptarse a un sistema que ya no gira a su alrededor.

El diablo viste a la moda 2
El viaje de Andy refleja el conflicto entre ambición profesional y autenticidad personal./Captura de pantalla vía Tráiler 20th Century Studios

En paralelo, Andy Sachs (Anne Hathaway) regresa desde otro lugar. Ya no es la asistente ingenua que vimos en la primera: es una periodista posicionada que, irónicamente, también se enfrenta a un mundo laboral que se desmorona y que la lleva a regresar a Runway.

Y luego está Emily Charlton (Emily Blunt), quizá el mejor giro de toda la película. Convertida en una figura poderosa dentro del mundo del lujo, ahora es ella quien tiene algo que Miranda necesita.

¿Qué funciona y qué no?

El diablo viste a la moda 2
Emily se convierte en lo que Miranda Priestly necesita para recuperar su poder /Captura de pantalla vía Tráiler 20th Century Studios

La película arranca con una sobredosis de nostalgia. Referencias, guiños, escenas que intentan replicar momentos icónicos y aunque no tienen el mismo impacto, funcionan para hacernos sentir en ese lugar seguro (imposible no emocionarse al ver a Andy, Miranda, Emily y Nigel juntos en escena).

Para muchos, el punto más debatible está en Miranda. Cuando la conocimos, era intimidante, poderosa, casi intocable. Aquí, en cambio, se muestra más accesible y emocional, pero no necesariamente más compleja. Aun así, si se mira desde otra perspectiva, es difícil no empatizar con ella. ¿Qué ocurre cuando todo lo que construiste con disciplina, sacrificio y una visión clara empieza a desmoronarse en un mundo donde lo único que importa es el clic? Cuando el arte, el criterio y la pasión quedan desplazados por métricas y algoritmos. Así que más que perder poder, Miranda enfrenta algo mucho más incómodo: la posibilidad de volverse irrelevante y la interrogante de si vale la pena continuar o si es momento de retirarse. Y ahí es donde la historia realmente estruja el corazón.

Es precisamente ese subtexto el que termina sorprendiendo. Más que glorificar la moda, la película construye una lectura mucho más amarga (y especialmente cercana para quienes nos dedicamos a esto) sobre el estado actual de los medios: el choque entre el criterio editorial y el algoritmo, la presión constante por generar engagement y esa sensación persistente de que la calidad ya no basta si no “vende”. Es ahí donde la historia realmente cobra fuerza, se vuelve incómoda y, sobre todo, relevante.

El diablo viste a la moda 2
Runway enfrenta una crisis financiera que obliga a Miranda a replantear su liderazgo./ Captura de pantalla vía Tráiler 20th Century Studios

Eso sí, no hay duda alguna de que Meryl Streep es una diosa y hace lo que mejor sabe hacer: sostener todo con pura presencia. Incluso en los momentos más flojos del guion, ella domina con su magnetismo.

También hay pequeños grandes aciertos: Emily Blunt sigue siendo la reina del sarcasmo, Stanley Tucci aporta corazón (y, por fin, cierta justicia para Nigel), y Anne Hathaway logra que Andy se sienta coherente con su evolución.

¿Vale la pena verla?

Sí, pero sin idealizarla.

The Devil Wears Prada 2 no es tan icónica como la original pero logra cautivar con esos guiños de lo que tanto amamos y al capturar algo muy actual: esa sensación de que incluso los imperios más sólidos pueden volverse irrelevantes, que el talento ya no siempre basta, que el sistema cambió y todos estamos luchando por sobrevivir y encontrar nuestro lugar.

No es perfecta, pero tampoco deja un mal sabor de boca. Es lo suficientemente sólida para generar conversación después de los créditos.

Volver arriba