Desde que Mary Shelley publicó Frankenstein; o, el moderno Prometeo en 1818, la historia del científico que desafía los límites de la vida y de la criatura incomprendida que crea ha alimentado más de un siglo de reinterpretaciones en el cine.
Una de las adaptaciones más influyentes llegó en 1931 con Frankenstein, la película con la que Universal Pictures creó la imagen que hoy todos reconocemos del monstruo: la cabeza cuadrada y los tornillos en el cuello. Cuatro años después, en 1935, el estudio estrenó The Bride of Frankenstein, considerada hoy uno de los grandes clásicos del terror gótico de Hollywood. Lo curioso es que «la novia» aparece en pantalla apenas unos minutos y no dice una sola palabra. Aún así, se volvió una de las figuras más icónicas de la historia del cine.
¿De qué trata La novia de Frankenstein (1935)?

Dirigida por James Whale y protagonizada por Boris Karloff, la película funciona como secuela directa de Frankenstein. Tras los eventos de la primera historia, el atormentado científico (interpretado por Colin Clive) vuelve a verse arrastrado a experimentar con la vida y la muerte. Esta vez lo hace bajo la presión de un nuevo y siniestro aliado: el doctor Pretorius (Ernest Thesiger), quien lo convence de crear una compañera para el solitario monstruo. Y es que, si la criatura tuviera a alguien como él, tal vez dejaría de vagar por el mundo sembrando miedo y destrucción mientras busca desesperadamente un poco de afecto.
El experimento funciona… pero no como esperaban. Cuando la nueva criatura despierta, la llamada “novia”, mira al monstruo y lo rechaza con un grito aterrador. Ese momento desencadena el clímax trágico de la película y sella el destino de todos los personajes.
Curiosamente, la famosa novia aparece en pantalla apenas unos minutos, pero su imagen con el cabello electrizado, vestido blanco vendado y una mirada salvaje se convirtió en un símbolo eterno del cine de terror.
La historia detrás de un clásico del terror

Aunque el personaje nació en el universo literario de Mary Shelley, la película no fue concebida como una adaptación fiel de la novela. En realidad, el estudio Universal Pictures decidió producirla tras el enorme éxito de Frankenstein en 1931.
Al principio, ni el director James Whale ni Boris Karloff estaban convencidos de regresar. Whale pensaba que ya había dicho todo lo que quería con la primera película, y Karloff dudaba de que el monstruo empezara ahora a hablar. Sin embargo, ambos terminaron aceptando el proyecto y el resultado fue inesperado: la película se convirtió en otro gran éxito y, para muchos expertos del cine, incluso supera al original.
Uno de sus detalles más fascinantes es el doble papel de Elsa Lanchester, quien interpreta tanto a la novia como a la propia Mary Shelley en el prólogo de la película, creando un curioso vínculo entre la autora y la criatura. Para construir su inquietante interpretación, la actriz se inspiró en los movimientos de los cisnes asustados, lo que explica los gestos rígidos y ruidos de su personaje.
The Bride! Una frenética reimaginación del clásico de 1935

No es casualidad que esta historia vuelva a despertar interés. Ahora es la directora Maggie Gyllenhaal quien retoma al personaje en The Bride!, una reinterpretación protagonizada por Jessie Buckley y Christian Bale.
En esta versión ya no estamos ante la novia silenciosa del clásico de 1935, sino frente a una mujer herida, furiosa y con sed de justicia. La gran apuesta de Gyllenhaal es darle identidad propia: que hable, cuestione, se rebele y se niegue a ser definida únicamente como “la pareja del monstruo”.
En un giro creativo interesante, Buckley también interpreta a Mary Shelley, quien aparece como una narradora casi fantasmal que rompe la cuarta pared y observa el desarrollo de su propia creación. Este recurso añade una capa extra al relato: la historia del monstruo se convierte también en la historia de quien lo imaginó, recordándonos el contexto profundamente machista en el que vivió la autora, quien incluso tuvo que publicar su novela inicialmente de forma anónima.
El guion mezcla horror, romance oscuro, crimen al estilo de Bonnie and Clyde y una energía caótica. Aunque no siempre encuentra el equilibrio perfecto, la química entre Buckley y Bale y la estética de los años 30 mezclada con la energía irreverente del punk, logra que incluso sus momentos más desbordados funcionen.
