Pocas historias han marcado tanto la cultura pop como la de Frankenstein. Desde que Mary Shelley publicó su novela en 1818, el relato del científico que desafía los límites de la vida y de su criatura incomprendida ha inspirado décadas de adaptaciones, reinterpretaciones y homenajes en el cine. Su huella en Hollywood es innegable.
Entre sus adaptaciones más importantes está la de 1931 con la que Universal Pictures creó la imagen que todos conocemos del monstruo con los tornillos en el cuello y la cabeza cuadrada. Después, en 1935, llegó The Bride of Frankenstein, donde vimos por primera vez a su compañera con el icónico peinado electrizado que se convirtió en una figura inolvidable de la cultura pop.
Desde entonces, el universo de Frankenstein ha sido revisitado una y otra vez, incluyendo la más reciente versión de Guillermo del Toro para Netflix. Ahora, ha sido Maggie Gyllenhaal quien con The Bride! propone una reimaginación radical y profundamente simbólica con tintes punk-rock, que pone el foco en la novia de la criatura, en su identidad y en su rabia.
Una novia que desata una revolución femenina

La premisa parte del imaginario clásico: el monstruo de Frankenstein busca compañía. Pero aquí todo cambia. Ambientada en el Chicago de los años 30, la historia sigue a Frank (Christian Bale), una criatura que ha sobrevivido más de un siglo y que llega a la ciudad buscando a un científico capaz de crearle una compañera. El experimento da vida a Ida (interpretada magistralmente por Jessie Buckley), una mujer asesinada que vuelve de entre los muertos convertida en The Bride.
En esta reimaginación, no estamos ante la novia silenciosa del clásico de 1935, sino ante una mujer herida, furiosa y con sed de justicia. La gran apuesta de Gyllenhaal es darle identidad propia, hacer que hable, cuestione, se rebele y se niegue a ser definida únicamente como “la pareja del monstruo”.

En un giro creativo muy interesante, Buckley también interpreta a Mary Shelley, quien aparece como una narradora casi fantasmal que rompe la cuarta pared y observa el desarrollo de su propia creación. Este recurso meta añade una capa extra al relato: la historia del monstruo se convierte también en la historia de quien lo imaginó, recordándonos el contexto profundamente machista bajo el que vivió y que la obligó incluso a publicar su obra con autocensura y bajo el anonimato.
El guion mezcla horror, romance oscuro, crimen al estilo años 30 y una energía casi de Bonnie & Clyde. Aunque no siempre encuentra el equilibrio perfecto, la química de Buckley y Bale hace que hasta lo más caótico funcione.
Jessie Buckley y Christian Bale son una mancuerna delirante

Si algo queda claro desde los primeros minutos es que esta película le pertenece a Jessie Buckley. La actriz (que viene de una temporada de premios arrolladora gracias a su trabajo en Hamnet) entrega aquí una interpretación feroz, física y completamente desatada. Su Bride no es delicada ni trágica: es impredecible, inquietante y, profundamente humana.
Buckley juega con tres versiones del personaje (Mary Shelley, Ida y The Bride) y logra que cada una tenga identidad propia. Sin duda, el 2027 volveremos a verla en múltiples nominaciones.
A su lado, Christian Bale compone un monstruo sorprendentemente vulnerable. Su Frank no es solo una criatura aterradora, también es un ser solitario que busca pertenecer a algún lugar. Según informes, Bale imaginó se inspiró en la elegancia de los actores y bailarines del viejo Hollywood e incorporó ecos de El agente secreto de Joseph Conrad para construir a un ser emocionalmente ingenuo que busca el amor de una forma casi anticuada.
La estética punk-rock, un acierto brutal
La directora mezcla la estética sombría de los años 30 con la energía irreverente del punk de los años 80. Para construir la imagen del monstruo, Christian Bale tomó como referencia a Sid Vicious, recordado principalmente por haber sido el bajista de la banda Sex Pistols, mientras que la novia Jessie Buckley tiene tintes de la legendaria actriz Jean Harlow.
El vestuario, diseñado por la ganadora del Oscar Sandy Powell, combina siluetas de época con toques rebeldes como encaje negro y piel sintética. Todo se refuerza con un diseño de maquillaje lleno de cicatrices y costuras hechas con efectos prácticos, que le dan al personaje un aire crudo entre terror y rock and roll.
Lo que no funciona de The Bride!
Entre los aciertos y riesgos interesantes de la cinta de Gyllenhaal, el problema que es inevitable señalar es que tiene tantas ideas que no siempre logra profundizar en todas. Entre reflexiones sobre autonomía femenina, violencia, identidad y poder, el discurso puede sentirse un poco saturado.
Aun así, el riesgo de la directora es de aplaudirse: su versión de la Bride transforma un viejo cliché del cine de terror en una figura de rebelión y autodescubrimiento.
