Bad Bunny se convirtió en el primer artista latino solista en encabezar un show de medio tiempo del Super Bowl con una presentación predominantemente en español, rompiendo no solamente un récord, sino una narrativa entera. En medio de una crisis migratoria, del endurecimiento de las políticas del ICE y de un discurso antiinmigrante cada vez más visible en Estados Unidos, su presencia en el escenario más visto del planeta se leyó como lo que fue: un acto de resistencia cultural, pero sin rabia ni confrontación directa. Benito eligió otro camino: música, baile, comunidad y alegría.
“Lo único más poderoso que el odio es el amor”, sentenció en medio del show. Y en tiempos de odio, amar lo que eres, hablar tu idioma, celebrar tu cultura y ocupar espacios históricamente negados, también es político.

Pero si alguien dio tanto de qué hablar como el anfitrión (y merece atención a la par) fue Lady Gaga. Su aparición, en medio de la celebración de una boda real que ocurrió legalmente durante el show, fue una clase magistral de respeto y poderío artístico. Gaga interpretó una versión salsa de Die With a Smile, cantada en inglés, acompañada por una banda que convirtió el pop en una experiencia caribeña auténtica.
Históricamente, los artistas latinos han tenido que cantar en inglés para triunfar en el Super Bowl. Aquí ocurrió lo contrario: la superestrella estadounidense se adaptó al ritmo latino. Ese “crossover a la inversa” validó que la salsa, el español y los ritmos tropicales no son un nicho, sino el centro de la cultura pop actual.
Vestida de azul celeste y con un broche de flor de maga, Gaga no se “disfrazó de latina”. Se integró al universo de Benito con respeto, técnica y preparación. No fue parodia ni truco publicitario: fue una ejecución impecable que reafirmó el mensaje del show.
Además, la letra de la canción va justo con lo que Benito dijo sobre el amor como el motor más poderoso: «Si el mundo se estuviera acabando, querría estar a tu lado. Si la fiesta terminara y nuestro tiempo en la Tierra se agotara, querría abrazarte un rato y morir con una sonrisa. Si el mundo se estuviera acabando, querría estar a tu lado».

La presencia de Gaga no significó que Bad Bunny cediera ni se “americanizara” al integrar el inglés en el show, sino todo lo contrario: fue la prueba de que la música latina se posicionó en igualdad de condiciones con el pop anglosajón en uno de los escenarios más grandes del mundo. Al cantar en inglés sobre una base de salsa, se construyó un puente cultural donde no se diluyó la identidad latina, sino que se expandió, demostrando que nuestros ritmos pueden guiar la conversación global.
La cantante no llegó a imponer, sino que se adaptó a los códigos caribeños y rindió respeto a la complejidad técnica y cultural de géneros históricamente subestimados. Más que una concesión, el momento confirmó que lo latino ya no pide permiso: transforma, lidera y redefine el espectáculo global.
