Bad Bunny show de medio tiempo en el Super Bowl

Cómo Bad Bunny convirtió su show del Super Bowl en una fiesta latina para el mundo, cargada de simbolismo y resistencia cultural

Desde su paso por Saturday Night Live, cuando bromeó con que el público tenía “cuatro meses para aprender español”, Benito Antonio Martínez Ocasio -nombre real de Bad Bunny- dejó algo muy claro: no piensa traducirse, suavizarse ni adaptarse. El mundo es el que tiene que alcanzarlo a él.


Por eso, que Bad Bunny se convirtiera en el primer artista latino solista en encabezar el show de medio tiempo del Super Bowl con un set predominantemente en español no fue un simple logro musical. En el contexto político y social actual de Estados Unidos, fue un mensaje contundente, sin rodeos y sin miedo.

En medio de una crisis migratoria, del endurecimiento de políticas del ICE y de un discurso antiinmigrante cada vez más visible, su presencia en el escenario más visto del planeta se leyó como lo que fue: un acto de resistencia cultural, pero no desde el enojo, sino desde la celebración. Música, baile, comunidad y alegría. “Lo único más poderoso que el odio es el amor”, dijo él mismo. Y en tiempos de odio, amar lo que eres también es político.

Bad Bunny show de medio tiempo en el Super Bowl
El poderoso significado del show de medio tiempo de Bad Bunny/ Crédito: Apple Music

Una fiesta cargada de identidad puertorriqueña

El espectáculo recreó escenas que definen la vida de barrio en Puerto Rico, desde la barbería, las mesas de dominó, los puestos de piragua y de manicura, hasta un niño dormido en unas sillas mientras la fiesta seguía.

El corazón del montaje fue La Casita, una réplica de la casa típica puertorriqueña que ha sido parte de la identidad visual de su álbum Debí Tirar Más Fotos, donde desfilaron invitados como Pedro Pascal, Cardi B y Karol G. Los bailarines, vestidos de blanco con sombreros de pava, rindieron homenaje a los jíbaros, campesinos fundamentales en la historia económica de la isla. Incluso el sapo concho, especie puertorriqueña en peligro de extinción y figura recurrente en su universo musical, apareció como un poderoso símbolo de la fragilidad ambiental y cultural amenazada por la gentrificación.

Nada fue casual. Bad Bunny no solo llevó música al Super Bowl: llevó un barrio entero, con su historia, sus luchas y su alegría.

Mensajes políticos sin gritar: cuando la música también es denuncia

La aparición de Lady Gaga fue uno de los momentos más comentados de la noche. La cantante interpretó su versión salsa de Die With a Smile, acompañada por una banda que transformó su hit pop en una celebración caribeña auténtica. Vestida de azul celeste y con un broche de flor de maga, Gaga dejó atrás su estética habitual para sumarse con respeto al universo de Bad Bunny. Su participación (cuestionada por algunos por tratarse de una artista estadounidense y no latina) terminó reforzando el mensaje central del show: todos somos América. Una celebración que dejó claro que Estados Unidos ya no puede ignorar a la comunidad latina no solo consume, sino que crea, impulsa y redefine el entretenimiento global.

Hubo momentos más explícitos como El Apagón, cuando los bailarines escalaron postes de luz que chispeaban, denunciando la crisis energética que Puerto Rico arrastra desde el huracán María. Benito ondeó una bandera puertorriqueña con el triángulo azul celeste, históricamente vinculada al movimiento independentista, un gesto cargado de memoria y resistencia.

La aparición de Ricky Martin no fue por mera nostalgia pop, ni para ser «un invitado más»: su interpretación de LO QUE LE PASÓ A HAWAii funcionó como protesta directa contra la gentrificación y el desplazamiento de comunidades locales. Y el cierre fue demoledor en su sutileza: Bad Bunny enumeró países de toda América Latina antes de mostrar un balón con el mensaje “Together We Are America”, desafiando la idea de que “América” no sólo es Estados Unidos.

Mucho más que un show de medio tiempo

El Super Bowl LX lo ganaron los Seattle Seahawks, pero la historia cultural la escribió Bad Bunny. Su show redefinió la visibilidad latina en el mayor escaparate del entretenimiento estadounidense, incomodó a sectores conservadores y dejó algo claro: el español no necesita permiso para sonar fuerte. Porque la fiesta también puede ser protesta. Y perrear, a veces, es la forma más poderosa de decir: aquí estamos.

¿Te lo perdiste o quieres repetir el show? Aquí puedes verlo completo

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